Lugares

Una escapada culinaria a Madrid

15 noviembre, 2016

Una escapada culinaria a Madrid.

¡Qué grandes son los viajes express! Y quien no haya disfrutado de esta forma de viajar, ¿a qué espera? Este fin de semana yo lo he llevado a cabo y me ha tocado una escapadita a la capital española, a Madrid, o como dirían sus lugareños: a “Madriz”.

Había que hacer algo diferente, para salir un poco de la monotonía y mi novio y yo decidimos hacer un viaje. El problema, ya no tenemos vacaciones. ¡No importa! Nos echamos la mochila al hombro y en cuanto salimos de trabajar el sábado a la hora de comer, pusimos rumbo a Madrid

Dos locos por la Plaza Mayor de Madrid.

El hotel ya lo teníamos cogido. Dos noches simplemente, porque el lunes entrábamos a trabajar por la tarde, así que apuramos al máximo. De precio nos salió bastante bien, porque no estaba en pleno centro y como en Madrid se puede ir a cualquier lado en metro, nos vino genial. Para ser más exactos y por si os interesa para un futuro, fue el Ilunión de Pío XII, al lado de las Torres Kio, una zona llena de embajadas y casas.

El sábado llegamos por la noche, así que solo nos dio tiempo de disfrutar de la noche madrileña. Nos fuimos a comer a un bar que TrypAdvisor nos recomendaba y dio en el clavo. Se trataba de La Taberna Degusta, ubicada en la calle Francisco Silvela. Nada más llegar, al pedir las bebidas nos pusieron unos bocaditos como de chorizo para ir picando.

Bocados para ir picando.

Después, nos pedimos unas croquetas caseras. Yo opté por las de boletus y mi novio por las de jamón. Ambas, muy ricas. La cierto es que el sitio parecía muy pequeño, pero engañaba, ya que dentro tenía como un comedor, que por cierto, estaba completo. Fue una lástima que no encontráramos sitio dentro, pero teniendo en cuenta a la hora a la que llegamos a Madrid, nos damos con un canto en los dientes, al ver que había huerco cerca de la barra.

Croquetas de boletus y de jamón.

Me pedí también un gambón en tempura con mahonesa de kimchi. No sé qué sería esa salsa, pero estaba riquísima. En cambio, Álvaro, mi novio, se decantó por una minihamburguesa de buey a la parrilla, que iba acompañada por unas patatas fritas muy finas. Nos quedamos con ganas de comer más, pero el cansancio nos pudo.

Minihamburguesa de buey a la parrilla.

Al día siguiente, nos levantamos temprano para disfrutar de Madrid. Nos hizo genial, un sol espléndido, una temperatura inmejorable, un domingo perfecto. Como no era la primera vez que íbamos a la capital, no teníamos que ver ningún monumento, ni museo en concreto, sino que decidimos simplemente pasear. Así que fuimos directamente a El Retiro. Estaba llenísimo el parque, incluso las familias se habían traído bocatas para pasar el día allí. El parque estaba precioso, más incluso que en primavera, en mi opinión. La vegetación se había tornado en colores rojizos, cobrizos, era un escaparate al más puro otoño. Paseamos por el parque durante toda la mañana y visitamos el Palacio de Cristal.

Palacio de Cristal.

Luego salimos por El Prado y nos dirigimos hacia Sol, Gran Vía, hasta finalmente llegar a la Plaza Mayor y comernos el tan típico bocata de calamares. Si vais a Madrid, no os puede faltar. Aunque es raro que una ciudad de interior tenga como bocadillo estrella, uno elaborado con un producto de mar. En fin, esto solo pasa en España, ¡jajajaja!

Bocadillo de calamares.

La tarde la reservamos para visitar a una amiga nuestra que está trabajando en Madrid. Obviamente, fuimos a tomar café a una de las cafeterías más habituales de la capital y las cuales te encuentras cada dos pasos. Efectivamente, fuimos al Starbucks. No os pongo imágenes de lo que comimos, pero nos pusimos gordos. Muffin, tarta de queso con dulce de leche o red velvet, fueron los dulces que cayeron, más sus correspondientes cafés. En fin, tres horas en aquel maldito y pecaminoso local, culinariamente hablando.

Manolita danos suerte.

Durante horas hablamos, reímos y lo más importante, nos pusimos al día. Entre tanto paseo, llegamos a la administración de lotería de Doña Manolita y compramos el mismo décimo, esperemos que nos des suerte Manolita. Ojo con esta foto, que puede ser la última que nos hagamos siendo pobres, ¡jajajaja!

Como veis, la escapada no nos dio para más. Aún así, descansamos, disfrutamos, rompimos con la monotonía y sobre todo, hicimos algo diferente. A veces, debemos romper con la rutina diaria y hacer planes alocados como estos.

También te podría interesar

sin comentarios

Responder