Lugares

Granada, tierra soñada por mí

13 septiembre, 2016

La Alhambra desde el mirador de San Nicolás

Granada, tierra soñada por mí. Mi cantar se vuelve gitano cuando es para ti ♪♫♪♫. Aunque no lo creáis, me pasé todo el viaje cantando esta canción e intentando emular a Plácido Domingo, sin éxito alguno, por supuesto. Así que tuve que ahogar mis aspiraciones operísticas entre las callejuelas del Albaicín granadino y su gastronomía.

Ante todo, pediros disculpas por mi larga ausencia, pero entre que he tenido el ordenador estropeado, he empezado un nuevo trabajo y me he ido de vacaciones, al final todo se me ha juntado y no habéis sabido de mí en todo el verano. Sin embargo, espero que eso cambie y pueda escribir nuevos post con más frecuencia.

Palacio de Carlos V en la Alhambra.

Bueno, el hecho de irme a Granada fue un poco impulsivo. Pensaba que no iba a tener vacaciones, pero finalmente me avisaron de que sí. Rápidamente intenté hacerme un planning vacacional y comencé la búsqueda. En pleno agosto poco chollos podía encontrar, sin embargo no perdí la esperanza y opté por una ciudad de interior, ya que las de costa en verano son las más solicitadas. Además, yo ya iba a ir a Cádiz (lugar donde nací), así que iba a tener playa seguro. La decisión de escoger la tierra de Lorca fue en parte gracias a mi madre, quien me dijo que ella nunca había estado y que le encantaría ir. Así que decidí que fuera mi compañera de viaje y que ella eligiera.

Patio de los Arrayanes.

Lo primero que hice fue solicitar las entradas de la Alhambra. Es indispensable hacerlo previamente por Internet, así os evitáis hacer largas colas y os aseguráis poder entrar. Luego llegó el momento de los billetes y el hotel. En mi caso escogí el NH Victoria, ubicado en pleno centro de Granada. En él nos atendió un joven hipster encantador y el hotel era estupendo. La habitación era cómoda y para nada ruidosa, cosa muy importante cuando estas de vacaciones.

Mi guapísima madre en el Patio de los Leones de la Alhambra.

Llegamos a Granada a las tres de la tarde, soltamos las maletas en el hotel y nos dispusimos a descubrir la ciudad en seguida. Comenzamos por la catedral y el sepulcro de los Reyes Católicos. Desde aquí aprovecho para decir que la catedral es preciosa, pero que no entendí la razón por la que separaban estas dos estructuras cuando están realmente juntas. Os explico mejor. La catedral y el sepulcro están unidos, mas para visitarlas, tienes que pagar por un lado la entrada a la catedral y por otro, la del sepulcro. Entiendo que los monumentos se tienen que mantener y por ello, se cobra la entrada, pero pagar dos veces por el mismo recinto, me parece demasiado.

Además, desde aquí lanzo otra sugerencia y es que apenas puede observarse la parte superior de los sepulcros. Por ello, deberían habilitar las escaleras del altar de la capilla (ya que estaban cerradas con una especie de cuerda) para poder observar el monumento en toda su totalidad. 

Estos fueron los dulces árabes que probamos.

Luego continuamos por la Alcaicería, que es como una especie de zoco y después fuimos al paseo del Darro (río de Granada). Subimos hasta el Albaicín. Eso sí, cuando vimos a Chorrohumo (una estatua dedicada a quien un día fue proclamado como rey de los gitanos), nos desviamos para admirar el Sacromonte y los aires flamencos que recorren sus cuevas. Después nos detuvimos en el mirador de San Nicolás y volvimos al centro para cenar.

También hicimos una parada antes para comprar pasteles árabes y probarlos. La mayoría de ellos están hechos con hojaldre o pasta filo. Además suelen combinarse con frutos secos, especias y miel. En mi opinión, son dulces muy pesados porque son muy grasosos, por eso no debéis abusar mucho de ellos y comer uno o dos.

Tomate aliñado

Una de las calles más famosas de la ciudad palatina para comer es la Calle Navas, repleta de bares y restaurantes en las que degustar la gastronomía granadina, aunque más concretamente la gastronomía andaluza. Porque el “pescaito frito” cubre la mayoría de las cartas, aunque también podemos encontrar carnes. Nosotras nos decantamos por tomates aliñados y boquerones en la Taberna El Enganche. Una cena light después de tantos pastelitos, ¡jajajaja!

Jardines del Generalife.

Recordad que Granada es una ciudad que al pedir una consumición te regalan una tapa del día. Así que no seáis impacientes a la hora de entrar en un bar o restaurante y no cojáis en seguida la carta. Aguardad hasta que os pongan las bebidas en la mesa y os den a probar un plato típico de la cocina granadina. 

Boquerones fritos.

Al día siguiente nos fuimos a visitar la Alhambra. Teníamos las entradas para las dos de la tarde, así que desayunamos e hicimos una comida temprana para coger fuerzas. Os aconsejo, si alguna vez vais a verla, que no entréis por la entrada principal, pues esperaréis una larga cola sin necesidad. Este monumento nacional posee puertas laterales que no ostentan cola alguna. No haréis el recorrido oficial, pero tampoco tendréis que esperar. Los Palacios Nazaríes, la Alcazaba y el Generalife conforman la Alhambra y no existen palabras que puedan explicar la belleza que esconden, así que simplemente os recomiendo que la visitéis. Al salir, aprovechad y bajar por el bosque de la Alhambra, en lugar de ir en autobús, pues os dejará en el centro de la ciudad y así podréis observar pura vegetación y saltos de agua.

Merienda granadina.

Tras una larga tarde en la Alhambra, llegamos a la ciudad sobre las ocho y ya tocaba un tentempié como el de la imagen de arriba. Imaginaros que bien nos sentó esta merienda. El café estaba perfectamente hecho, con su crema de leche, que no espuma y los petit choux estaban blanditos y deliciosos. La verdad es que la Cafetería Lisboa fue todo un descubrimiento, nos gustó tanto que al día siguiente fuimos a desayunar allí. Nos tomamos un desayuno continental y nos supo a gloria.

Cuentos de la Alhambra y de tapitas.

El último día lo dedicamos para hacer compras, hacer alguna que otra visita cultural y pasear por el centro. Finalmente acabamos en el Gran Café Bib-Rambla comiendo algunas tapas y sobre todo leyendo. Acabamos tan enamoradas de la ciudad, que nos compramos un libro sobre la arquitectura de la Alhambra y la mítica obra de Washington Irving, Cuentos de la Alhambra.

Haciendo el tonto en plena Granada.

En definitiva, Granada es una ciudad que merece la pena visitar, pues la gente es encantadora y la comida deliciosa. Además, os enamoraréis de cualquier rincón de esta ciudad andaluza. Espero que os haya gustado mi nuevo post y que no os haya aburrido mucho con mis historietas y mis reivindicaciones viajeras.

PD: Yo sobreviví a Granada en pleno agosto.

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